PROGRAMA RELEVA EMPRESA FAMILIAR, COFINANCIADO POR LA JUNTA DE EXTREMADURA
Director gerente de Inquiba y presidente de la AEEF
La continuidad de la empresa familiar es clave para el tejido económico de la región. Juan Carmona, director gerente de Inquiba y presidente de Asocación Extremeña de la Empresa Familiar (AEEF), explica en esta entrevista cómo el Programa Releva Empresa Familiar está contribuyendo a afrontar el reto del relevo generacional en Extremadura y analiza los principales retos a los que se enfrentan las empresas familiares extremeñas.
–Inquiba es hoy una empresa consolidada y reconocida a nivel nacional, pero detrás hay una gran historia familiar. ¿Cómo ha evolucionado la empresa desde sus orígenes hasta convertirse en lo que es hoy?
–Inquiba nace hace más de 50 años del espíritu emprendedor de mis padres en Guareña, en un entorno rural donde prácticamente no había tejido industrial ni infraestructuras. Empezaron con medios muy modestos, fabricando productos de limpieza casi de manera artesanal. La empresa ha pasado por momentos muy difíciles como el incendio de 1981, que destruyó completamente la fábrica y obligó a empezar de nuevo. Pero también hemos vivido etapas de crecimiento muy importantes. Con el paso de los años hemos ido evolucionando, incorporando tecnología, innovación y talento. Hoy, el grupo lo forman varias compañías industriales con presencia nacional e internacional, pero seguimos teniendo muy presente de dónde venimos.
–Actualmente, representa la segunda generación al frente del grupo. ¿Cómo ha sido ese proceso personal y profesional de asumir responsabilidades dentro de la empresa familiar?
–En mi caso, la relación viene desde muy pequeño. Mis hermanos y yo crecimos prácticamente dentro de la fábrica ayudando en lo que hiciera falta durante los veranos o los fines de semana. Eso te hace vivir la empresa de una manera muy intensa y entender el esfuerzo que hay detrás de cada paso que se da. Con el tiempo, fui asumiendo distintas responsabilidades dentro del negocio, aprendiendo desde dentro cómo funciona. Cuando has vivido tan de cerca el sacrificio de los fundadores acabas sintiendo, casi de forma natural, la responsabilidad de darle continuidad al proyecto. Asumir responsabilidades no fue tanto una decisión como una consecuencia lógica de esa historia familiar.
–En muchas ocasiones se habla del ‘legado’ en las empresas familiares. ¿Qué valores considera que se han mantenido intactos desde el nacimiento de Inquiba?
–Creo que hay valores que se han mantenido intactos desde el primer día. El principal es la honradez. En nuestro negocio vendemos confianza y el activo más importante que tenemos es que clientes, proveedores o colaboradores confíen en nosotros. También el esfuerzo, la capacidad de sacrificio y la resiliencia. En la historia de Inquiba ha habido momentos muy complicados, pero siempre hemos tenido la capacidad de levantarnos y seguir adelante. Y, por supuesto, el compromiso con las personas que forman parte del proyecto. Porque una empresa no son solo números, es un proyecto humano que impacta en muchas familias.
La fase de preparación
–El relevo generacional es uno de los grandes retos de la empresa familiar. ¿Cómo se preparó ese proceso en Inquiba?
–Siempre hemos tenido claro que el relevo generacional debía prepararse con tiempo. Mi padre tenía muy claro que el proyecto debía continuar en las siguientes generaciones y empezamos a trabajar en ello relativamente pronto. Se impulsó un protocolo familiar y se fueron definiendo estructuras de gobierno que ayudaran a ordenar la relación entre familia, propiedad y gestión. También fue importante que todos los miembros de la familia que hemos trabajado en la empresa lo hiciéramos con responsabilidades reales, sin privilegios. Ese proceso ha permitido que la transición se haya hecho de forma más natural.
–Desde su experiencia, ¿cuáles diría que son los principales errores que deben evitar las empresas familiares cuando afrontan un relevo generacional?
–El principal error es no planificarlo. Muchas veces estamos tan centrados en los problemas del día a día que dejamos para más adelante algo tan importante como la sucesión. Y cuando quieres afrontarlo, a veces ya vas tarde. Otro error es que el fundador no quiera o no sepa dar paso a la siguiente generación. También ocurre que los sucesores no han tenido tiempo de implicarse en el proyecto o no conocen bien la cultura de la empresa. El relevo generacional requiere tiempo, diálogo y preparación. Cuando se improvisa, es cuando suelen aparecer los problemas.
«El protocolo ayuda a definir roles, responsabilidades y órganos de gobierno»
«Desde la AEEF trabajamos para acompañar a las empresas en este tipo de situaciones»
–El programa Releva Empresa Familiar pone el foco en la importancia de planificar el relevo generacional. ¿Considera que el protocolo familiar es una herramienta necesaria?
–Yo creo que el protocolo familiar es una herramienta muy útil. No es una garantía absoluta de éxito, pero sí ayuda mucho a ordenar las cosas. En una empresa familiar hay muchas variables emocionales y personales que pueden influir en las decisiones empresariales. El protocolo permite establecer reglas claras sobre cómo se toman determinadas decisiones, cómo se incorpora la familia al negocio o cómo se gestiona la sucesión. En definitiva, ayuda a profesionalizar la empresa familiar y a reducir posibles conflictos.
–¿Qué aporta un protocolo familiar a la convivencia entre familia, propiedad y gestión empresarial?
–Aporta orden y claridad. En una empresa familiar conviven tres dimensiones que a veces se confunden: la familia, la propiedad y la gestión. Si no se establecen reglas claras, es fácil que surjan tensiones o malentendidos. El protocolo familiar ayuda a definir roles, responsabilidades y órganos de gobierno. También permite profesionalizar la toma de decisiones y separar lo que es un asunto familiar de lo que es un asunto empresarial. Esto es fundamental para preservar, tanto la armonía familiar como la continuidad del proyecto empresarial.
–Como empresario familiar y presidente de la Asociación Extremeña de la Empresa Familiar, ¿qué consejo daría a otras empresas familiares que están planteándose afrontar el relevo generacional?
–El consejo principal sería que empiecen a prepararlo con tiempo y que lo hagan de forma consciente. El relevo generacional no es solo una cuestión empresarial, también es un proceso familiar. Es importante preparar a los sucesores, transmitirles los valores y la cultura de la empresa y definir estructuras de gobierno que ayuden a gestionar ese proceso. Desde la Asociación Extremeña de la Empresa Familiar trabajamos precisamente para acompañar a las empresas en este tipo de situaciones. Si se hace bien, el relevo puede convertirse en una oportunidad para renovar y fortalecer el proyecto empresarial.
–Si tuviera que resumir en una idea la clave para que una empresa familiar perdure en el tiempo, ¿cuál sería?
–Es difícil resumirlo en una idea, así que le doy varias. Una de ellas es que el negocio vaya bien: La familia y la empresa son vasos comunicantes; paciencia, ya que algunas decisiones familiares se tienen que cocinar a ‘fuego lento’ y hay que esperar el momento adecuado; generosidad, ya que a veces los sacrificios personales de los directivos familiares (hermanos, primos …) no están balanceados y es difícil encontrar la forma de compensarlos. También es importante la voluntad, ya que hay que encontrar el propósito a través del legado, los valores que queremos transmitir a hijos, sobrinos, familias que dependen de nosotros … Y, por supuesto, ayuda mucho trabajar en un protocolo familiar. Hay que recordar que una familia unida saca adelante un mal negocio; por el contrario, un buen negocio con problemas en el relevo generacional probablemente tenga que cerrar o ser malvendida y puede que también se lleve a la familia por delante.
Fecha de noticia: 29 de marzo de 2026
Medio de comunicación: Diario Hoy


